WoodArch | Edward Rojas y su amor por los palafitos
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Edward Rojas y su amor por los palafitos

Me dirigí a la Isla de Chiloé a ver a Edward Rojas, con unos amigos de mi infancia, aprovechando el feriado del 12 de Octubre. La travesía del canal nos tocó con un fuerte viento y marejada. Acordamos encontrarnos afuera de su casa en Castro a las 3PM, así que aprovechamos de almorzar en el Travesía, un restaurante de comida chilota de autor, atendido por Lorna Muñoz, su dueña.

Debíamos viajar a Rilán donde Edward nos mostraría un desarrollo que hizo con el aceite CUTEK.

Mientras pasábamos frente a los palafitos del barrio Pedro Montt, Edward empezó a relatar de la batalla que debieron librar desde fines de los 70 para detener la erradicación de los palafitos. El tema alcanzó revuelo nacional. Se trataba de salvar una manifestación del espíritu chilote, de esa forma anfibia de vida.

Al llegar a Rilán después de manejar por serpenteantes lomas bajamos hasta la playa….y ahí estaba la nueva joya de Edward, el Palafito de Tongoy, un palafito de inicios del siglo 20 que un día se lo ofrecieron en la calle en Castro, “don Edward, me quiere comprar unas puertas y ventanas viejas? ”, dónde están pregunto él, “en una casa que se está cayendo, en Rilán”, y rápidamente reaccionó …”se las compro, pero déjemelas en la casa, tal como están”, y así Edward se hizo de uno de los palafitos mas antiguos de Chiloe, donde está poniendo su dedicación y conocimiento para restaurarlo.

Edward había realizado una prueba con nuestro aceite CUTEK en las tejuelas de la fachada norte del palafito y le gustó el resultado. Veníamos a ver esta prueba y a ver el estado general de las tejuelas. La casa tiene diversos tipos de tejuelas y las más antiguas están muy desgastadas; también hay algunas con un musgo verde muy característico, que en consulta con la fábrica en Australia se ideó cómo no afectarlas, pues CUTEK una vez aplicado ira detrás del agua quitándole todo espacio posible.

Al regresar a Castro visitamos el taller de Edward en el pasaje Díaz, donde nos sentamos rodeados por mañío, coihue y ulmo. Allí vimos la maqueta de una escultura que él aportará al nuevo paseo de borde costero de Dalcahue, un tótem hecho en tejuelas que refleja los vientos que asolan la isla.

Un ultimo café en un palafito a la salida de Castro, la marea baja mostrando ese luche verde de aroma intenso que trae la brisa de mar. Al mirar la hilera continua de palafitos apreciamos el legado de este hombre de andar humilde propio de los sabios.

Ya en viaje de regreso al continente nos sentíamos en las nubes, bajando de este lugar mágico, que Edward Rojas nos permitió ver con los ojos de quien se ha tomado 40 años en respirar y entender a través de su arquitectura del lugar.

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